Reflexiones

Pibe de tango

Por: Lucas Cortiana
26/11/2023 · 08:00

Tiene 17 años pero podría tener 80. O tener la milonguera edad de Manzi, sentimental y romántica, que a sus veintipico ya calentaba la pluma con poesía y a la poesía con su pluma, como quien enciende un cigarrillo con la brasa de otro. O mejor aún, tener todos los años de Contursi, que son un siglo y resto de bandoneón y ventanitas abiertas a las canciones tristes, y todos ellos, chivilcoyanos y arrabaleros, bien llevados de la patria chica al mundo. Tiene 17 años, pero un alma vieja difícil de descifrar en los ojos con luz de faroles porteños y las alas invisibles de zorzal de Montevideo o Buenos Aires.

A Santiago le gusta el tango. Se lleva al dormitorio la guitarra y le saca de un tirón unas melodías del mil novecientos resignadas a no ser tocadas nunca más por manos jóvenes. Tiene 17 años pero las penas de amor que canta y el miedo a la muerte que se esconde en la caja de resonancia de la criolla Hilario Carracedo que era de su abuelo lo invisten de una sabiduría de las calles reservada para los hombres de cueros surcados. Se dice que en el centro de la guitarra quedan las canciones y las noches. Lo mismo guarda el centro de los corazones. Santiago quiere esa identidad de hombre de nostalgias y trapisondas.

Pero el tango que pegó en los jóvenes a principios de los 2000 fue una moda que pasó tan pronto como llegó. Tal vez fue un síntoma de rebeldía, romanticismo contestatario ante la adustez política o simple revival, pero la década ganada del reggaetón y otros ritmos del caribe arrasó con perreo el pasodoble.

Sin quererlo, Santiago sale al centro de Chivilcoy como si fuera a vengar una ofensa al sentir ciudadano. Así, llega al Café La Perla una noche de viernes cualquiera, sorteando todo tipo de obstáculos culturales, a poner la ñata contra el vidrio mientras sube un vaho extraño de las fotos en las paredes como una añoranza fantasmal de la orquesta típica de Casucho, de Naviglia y la Splendid. Luce su condición de tanguero fuera de época, de tanguero que no ha alcanzado ni siquiera la mayoría de edad y se mete por la esquina a sentir la estridencia del bandoneón con la guardia vieja.

En una mesa que lo invitan, alguien, parafraseando a Cadícamo le apura “Che pibe, oí/ como surgen de este tango los pasajes del ayer” y no tarda en descubrir los cabos sueltos que reclamaban una explicación. “Con permiso”, les dice, mientras acerca una silla, y el mozo, que está sirviendo los primeros alcoholes, le advierte que se está por hacer la mala fama precoz de un guapo de Chivilcoy.

Comentarios

26/11/2023 | 10:38
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Genial Lucas.!!!!. Me alegra leerte. Y hacerle llegar un gran abrazo a tu viejo, compañero en Supertap. Cuándo vos eras muy chiquito. Felicitaciones.!!!!