Los festejos de antaño: La fiesta de la Virgen del Carmen

Los festejos de antaño: La fiesta de la Virgen del Carmen

Entre todas las fiestas religiosas del antaño chivilcoyano, la más popular fue la de la Virgen del Carmen, o Nuestra Señora del Monte Carmelo, una de las imágenes más antiguas de la devoción mariana. El origen de ésta se remonta al Monte Carmelo (Tierra Santa), en la época de las Cruzadas, escenario de muchos episodios bíblicos, tierra de disputa entre cristianos y musulmanes. El fervor popular que despertaba, y aún despierta - aunque con menos entusiasmo- la imagen de la Virgen, es evidente cuando comienza el mes de julio. En el pasado se interrumpían por la tarde las actividades laborales lo que permitía la gran concurrencia, práctica que en los últimos años ha desaparecido. Pero queda en la memoria de muchos la añoranza de esa postal con los banderines, gallardetes de origen napolitano, las luces, que ponían un toque de color al sector de la Av. Villarino, donde se encuentra la Capilla que se llenaba de plegarias elevadas por los fieles participantes de la tradicional misa y procesión. Junto a la actitud religiosa puesta de manifiesto en ellas, coexistía el momento expansivo en el cual el barrio se llenaba con el bullicio y la alegría de espectadores, participantes en distintos juegos, sorteos y, la emoción y asombro ante los tradicionales fuegos de artificios que cerraban la jornada.
jueves, 15 de julio de 2021 · 00:29

Comparto un artículo de la Lic.Mirta Santucci, con motivo del Día de la Virgen "Nuestra Señora del Carmen" (16 de julio).

                                                                                        Lic.Patricia E. Graziadei

Los festejos de antaño:   La fiesta de la Virgen del Carmen

Entre todas las fiestas religiosas del antaño chivilcoyano, la más  popular fue la de la Virgen del Carmen, o Nuestra Señora del Monte Carmelo, una de las imágenes más antiguas de la devoción mariana. El  origen de ésta  se remonta al Monte Carmelo (Tierra Santa), en la época de las Cruzadas, escenario de muchos episodios bíblicos, tierra de disputa entre cristianos y musulmanes.

El fervor popular que despertaba, y aún despierta - aunque con menos entusiasmo-  la imagen de la Virgen, es evidente cuando comienza  el mes de julio. La  devoción a ella procede de la zona  de Lago Negro - región de origen de los Grisolía, Falabella, Aldinio,...vecinos del barrio  “de la capilla”, sin embargo no era desconocida por otros habitantes como los  del  “barrio del pito”   quienes se integraron a ella  y , más tarde, fue patrimonio de  toda la comunidad. El  festejo de La Virgen, pensada como una representación social  resultó un instrumento de integración, creó y reforzó vinculaciones espaciales donde se cruzaron distintas identidades nacionales. Con la llegada del siglo XXI, esta  práctica festiva popular se fue perdiendo.

                            Sus comienzos en nuestro pueblo datan de 1889. El diario  El Pueblo cuenta que varios miembros de la colectividad italiana se propusieron celebrar con solemnidad la fiesta de la Virgen. La misma se realizaría delante de la casa de Pascual Grisolía y para tal efecto se había hecho una suscripción  que permitió reunir 500$. Se contrató una banda musical  de la ciudad de Mercedes y fuegos artificiales para dar atractivo al festejo. En una casa vecina a la de Grisolía se levantaría un altar para colocar la imagen de la Virgen en cuyo honor se hacían los festejos. En esa oportunidad fue postergado para no coincidir con el festejo de los  franceses que realizaban el día 14 de julio, pues la crónica periodística relata que  se realizó los  días sábado 20 y domingo 21. Se inició a las 12 de la mañana, un grupo de vecinos reunidos frente a la casa de Grisolía, acompañados por la banda musical  se dirigieron  a la Municipalidad, luego a la casa particular del Intendente,  pasando posteriormente por la del Presidente de la Municipalidad y la del Comisario de Policía, para regresar luego al lugar de partida.

“ Brillantes  y concurridas han estado las fiestas organizadas por una parte de la colectividad italiana de la localidad en honor de Nuestra señora del Carmen. Los hijos de la gentil Nápoles, acostumbrados a esa festividad que en su bello país se efectúa anualmente de la manera más solemne, no podían menos que tratar de llevarla aquí a cabo, pues que ella les recuerda a su querida patria, les trae a la memoria aquellas horas transcurridas presenciando allá la fiesta al lado de una madre querida, de un padre anciano siempre venerado o de una bella napolitana a cuyo oído susurraban las más dulces palabras de amor”.( Diario El  Pueblo)

El festejo fue un verdadero suceso. Los acordes de la banda mercedina y la variedad de fuegos artificiales dieron el mayor atractivo. El altarcito de la virgen fue arreglado con gusto. Y allí iban los creyentes a rendirle homenaje y depositaban en una bandeja las ofrendas.

Este fue el primer festejo  de las tradicionales fiestas que aún perduran en la comunidad chivilcoyana. Pero no todos los miembros de la colectividad opinaban igual. En un diario italiano de la Capital  Federal – L’ Amico del Popolo-  se publicó un artículo, reproducido en uno  local el 17 de agosto , en el que hace  referencia a los festejos chivilcoyanos   denotando un fuerte  espíritu anticlerical:

“ Aún no se habían extinguido los ecos de las patrióticas notas de la Marsellesa y del Himno de Mannelli, que saludaron el 14 de julio el centenario de la gran revolución, cuando aquí en Chivilcoy un rebaño de carneros italianos precedidos de una banda de música, festejaba la Madonna del Carmine, recorriendo las calles de la ciudad. Dos días de fiesta y de orgías clericales. En casa del Sr. Grisolía, tan buen monárquico como excelente clerical, entre una copa de vino y otra copa de caña se acordó unanimidad establecer en Chivilcoy una capilla en veneración de la siempre benedetta madonna, y acto continuo se inició una suscripción que encabezó el dueño de casa regalando el terreno necesario para el santo edificio. Y el señor Rizzi, al cual le gustan mucho los chorizos, agente consular de S.M. el rey Humberto, se suscribió con doscientos pesos nacionales. ¡Y después se dirá que estamos en pleno siglo XIX! “  ( cit. Crónicas del ayer  chivilcoyano,7).

 A pesar de las opiniones anticlericales de muchos, no nos podemos imaginar  una vida pueblerina, por sus orígenes culturales, sin las expresiones propias de la religiosidad.

Para los festejos se   organizó una Comisión Central encargada de su realización. Las primeras reuniones se realizaron en la casa de Miguel Rizzi, en Av. Villarino y Gral. Pirán.   La misma  Comisión inició las gestiones y los trabajos para construir la antigua capilla. En sus comienzos la constituían: Miguel Rizzi, Pascual Grisolía, José Lagrotte, Francisco Larocca, Vicente Médice, Juan Lascala, Vicente Galgano,  Rafael Priore y Nicolás Palmiero. Este último trajó la imagen de la Virgen  del Carmen desde Italia. Pascual Grisolía  donó el predio sobre la Av. Villarino  en el cual se  construyó la primitiva Capilla. En julio de 1896  fue inaugurada  en medio de importantes festejos, si bien aún estaba inconclusa.  No había entonces alumbrado eléctrico ni a gas por lo que la avenida fue iluminada con faroles chinescos, hechos con papel y adentro un cabo de vela para iluminar,  se lanzaron globos y no faltaron los fuegos artificiales adquiridos en la Capital.

La primera misa se celebró recién  el 16 de julio de 1900. El 10 de setiembre de 1903 se formalizó la transferencia y administración de la Capilla a la Orden Agustiniana. El 16 de julio de 1937, por decreto del Obispo de Mercedes, fue declarada Parroquia en su jurisdicción, con lo que se colmaron las aspiraciones de los feligreses. El progreso urbano hizo que  la vieja capilla, ante amenaza de derrumbe, se clausurara y   fuera reemplazada por el actual edificio, inaugurado en 1949, prueba de lo que puede el sentimiento religioso de una comunidad, y en especial de la barriada del Carmen.

                          El programa de festejos se mantuvo, con algunas variaciones, a través de los años hasta el año pasado en que la pandemia impuso una pausa. En el día de la víspera, y en la mañana del 16 de julio, salvas de bombas   de estruendo anunciaban la llegada de la festividad. La banda de música solía recorrer la ciudad el día de la víspera y posteriormente amenizaba cada uno de los pasajes del día festivo.

Durante la mañana y primeras horas de la tarde se oficiaban misas en la Capilla del Carmen, luego una procesión con la imagen de la Virgen colocada sobre una plataforma que conducían los fieles  sobre sus hombros acompañados por  devotos que portaban cirios encendidos, entonando cánticos religiosos. Llegaban hasta la Parroquia del Rosario, algunos años sólo recorrían las calles del barrio. En los últimos años fue portada por la Guardia del Cuerpo activo de los Bomberos Voluntarios. Así el sentimiento religioso se ponía de manifiesto tanto en lugares cerrados como en los espacios abiertos, las calles con las procesiones extendían al resto del espacio urbano sus oraciones y cánticos. En las celebraciones  religiosas no hay espectadores, todos son protagonistas.                                                                                                                                                            

Posteriormente, tenía lugar toda clase de entretenimientos y juegos populares. Había palo enjabonado ,rotura de  piñatas, carrera de embolsados ,corridas de sortijas en la avenida Villarino,  que era en los comienzos de piso de tierra  o en la 22 de Octubre, y otros juegos de la época para grandes y chicos. A las cinco de la tarde  una retreta anunciaba el comienzo de números de varietés,  bailes - danzas clásicas y contemporáneas-, música ejecutada por las distintas bandas, y sorteos de distintos objetos donados por la comunidad y en especial la tradicional “rifa de la vaca”. Muchos vecinos se acercaban provistos de sillas para presenciar con más comodidad  los festejos.   En las veredas y centro de la calle se instalaba – por las distintas comisiones de la parroquia- improvisados locales de venta de bebidas, feria de comestibles, quioscos con venta de reliquias y recuerdos, cuya recaudación se destinaba para obras sociales y comunitarias.   Los festejos  culminaban  a la noche con  fuegos de artificios.  Ellos fueron confeccionados durante muchos años por un hábil pirotécnico, el Sr. Casullo, los que ansiosamente eran esperado por la multitud  bulliciosa reunida en el lugar, cuyo final consistía en el encendido de la batería y sus detonaciones conmovían puertas y ventanas, sin olvidar los aullidos de los pequeños animales como perros y gatos.  Había fuegos tradicionales y los aéreos: el Castillo de la Virgen encendido por la Paloma de la paz y la culminación era con fuegos aéreos de luz y color. Con los años, ante dificultades económicas y cuestiones ambientales se hicieron cada vez más modestos. A veces algún concurrente se llevaba un recuerdo, en la cabellera o ropa,  de su asistencia a los fuegos de artificios. El anecdotario con respecto  a dicha celebración es abundante. Los jóvenes ponían de manifiesto su espíritu bromista, por ej. provistos  de ganchos de alfileres, se la ingeniaban en medio de la multitud para unir las amplias polleras de las mujeres y la nota risueña aparecía en el momento de la despedida. Otros hechos no eran risueños, había enfrentamientos a mano armada que arrojaron resultados trágicos de heridos y muertos.                                                                                                 En el pasado se interrumpían por la tarde las actividades laborales lo que permitía la gran concurrencia, práctica que en los últimos años ha desaparecido.  Pero queda en la memoria de muchos la añoranza de esa postal con  los banderines, gallardetes de origen napolitano, las luces,  que ponían un toque de color al sector de la Av. Villarino,   donde se encuentra la Capilla que  se llenaba de plegarias elevadas por los fieles  participantes de la tradicional misa y  procesión. Junto a la actitud religiosa puesta de manifiesto en ellas, coexistía el momento expansivo en el cual el barrio se llenaba con el bullicio y la  alegría de espectadores,  participantes  en distintos juegos, sorteos y,  la emoción y asombro ante  los tradicionales fuegos de artificios que cerraban la jornada.

                                                                                                                                           M. Santucci ( Moach)

Santucci, M., Festejos religiosos y populares en el Chivilcoy de antaño: la fiesta de la Virgen del Carmen,           I Jornadas bonaerenses sobre patrimonio cultural y vida cotidiana,  CePEI- XI- 2002- La Plata.

 

Comentarios

17/7/2021 | 00:50
#188048
Gracias a las dos. A vos Mirta por escribir y a Patricia por compartir.