Juan y Martín Franchisconi deslumbraron en Buenos Aires

ESPECTACULO | 

Los chivilcoyanos sabemos que hablar de Juan y Martín Franchisconi es como mostrar una tarjeta de presentación con oropeles de oro: Sin dudas, gusta. El último domingo se presentaron en el Bar Quintino de Buenos Aires, acompañando a Luis Correa. Quise darme el gusto de apreciarlos en otro escenario. 

Fuimos con mi señora y nos acompañaron Celso Galván y su esposa Ana. No éramos los únicos chivilcoyanos, desde otra mesa se respiraba la misma euforia. Confiábamos que Juan y Martín iban a volar a alto.

Obviamente, enfrente, un público tanguero, desconocido y expectante. Nosotros deseosos que brillaran, ellos con entusiasta tranquilidad. De entrada dos interpretaciones instrumentales: la primera despertó aplausos y la segunda ovación. Con Celso nos miramos felices, nuestras esposas también evidenciaban emoción.

Después se presentó Luis Correa y de entrada nomás se agrandó con los músicos que había invitado para que lo acompañaran y al terminar la primera interpretación desde el público se escuchó “¡qué buen arreglo el del final!” Y así fue que interpretación tras interpretación Juan y Martín fueron ganando adhesiones.

Luego subió al escenario la cantante –también de tango- Alicia Pintos: Alicia no conocía a los músicos y los músicos no la conocían a ella. Pero otra vez Juan y Martín volaron muy alto. Cuando terminó la primera canción Alicia Pintos se dio vuelta, saludó a los músicos y al dirigirse al público dijo: Perdónenme, pero…¡que lo parió, que músicos!

Lo toqué a Celso y cuando me miró le vi los ojos brillosos. Los míos no los ví, pero intuyo que estaban igual. Era emoción, era orgullo disimuladamente contenido. Martín agradeció al público y explicó que  Celso era un presentador chivilcoyano y pidió autorización para que hiciera una presentación: fue la frutilla del poste, Celso también levantó a la gente, también se escucharon fuertes aplausos para él. Y yo tuve ganas de levantarme y gritar somos chivilcoyanos, somos de la tierra de Pascual Contursi y Gaspar Astarita, pero no hizo falta Juan, Martín y Celso lo habían demostrado en los hechos.

 

Carlos H. Lapenta

 

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