Debates del siglo XXI

OPINION | 

El debate sobre la interrupción voluntaria del embarazo no se cerró, sólo se cumplió una etapa en un proceso que seguramente concluirá más a la mano del siglo XXI que de la mira del espejo retrovisor.

Hay aspectos involucrados que hacen a la salud pública, otros ligados al derecho individual de las mujeres, además de razones religiosas, morales o científicas.

Los costos económicos, sanitarios, sociales y humanos de la clandestinidad están a la vista de todos los que tengan la mínima voluntad de verlos. Así también tenemos a la vista las resistencias y obstáculos de todo tipo, que se han interpuesto para desarrollar la educación sexual integral, la difusión de métodos anticonceptivos y la aplicación de los protocolos.

En cuanto a los derechos de la mujer, al igual que en otros aspectos, el reconocimiento llegará más temprano que tarde. El mundo avanzó en esa dirección y el siglo en el que vivimos ya está signado por acciones reivindicativas, reconocimiento y  políticas públicas en esa dirección.

Nada de esto debe atropellar el derecho a elegir de quienes, por creencias religiosas o imperativos morales, sostienen posturas contrarias. Merecen el mismo respeto que los que pretendemos que la ley  contemple los derechos de todas.

Progresaremos a medida que el debate crezca en la superación de conductas radicalizadas, preñadas de intolerancia y en algunos casos, hasta odio.

En el siglo XIX se impuso la educación laica, en el siglo XX el divorcio, este siglo consagró el matrimonio igualitario y seguramente también consagrará la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo.

Puede que, también, sea el tiempo de discutir en profundidad la relación entre la Iglesia Católica y el Estado.

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