Carta de un Argentino a Otro...(*)

(*) Parafraseando "Carta de un león a otro" de Chico Novarro.

OPINION | 

"Perdón hermano si te digo
que ganas de escribirte no he tenido,
no sé si es que me entero
cuando ya está hecha la movida
o el tiempo que ya llevo en esta vida."

En esta Argentina de enfermedades a medida. A la que volvieron las relaciones carnales consentidas con el FMI y un primer mundo que nos mira de soslayo, prometiéndonos un futuro que, hoy por hoy, parece un sueño y es sustento de una paz esquiva.
Donde los jubilados, la escuela pública y los pobres parecen ser los culpables de todo. Dando marco a la inseguridad de tantos pibes que están a la deriva. Inmersos en una injusticia social tremenda, que aunque no lo quieran oír, o no les guste, es la primera causa de inseguridad.
En un país donde no se controla nada. Hasta que algo explota.
Donde no se prevee nada que no sea algún negocio.
O lo que dicten las encuestas. O la crisis de turno.
O la licitación digitada. Y los jueces amigos.
Pero siempre habrá una barrera de contención de este pueblo sufrido y sin voz - sin voces-, siempre se podrá instalar un tema para que discutamos y dejemos los problemas serios para la gente que sabe, que puede, que dirige. El timón del país debe estar en manos de algunos pocos iluminados y no de esos muchos enajenados que se la pasan hablando boludeces, les importa el íntimo territorio de la sexualidad ajena y se asustan con fenómenos sociales como el delito o la violencia. Transforman la "pesada herencia" en el axioma que justifica "lo que debemos hacer"; y al "único camino posible" en la tristemente recordada "obediencia debida" para justificar un camino al que todos conocemos su destino.

"Tú tienes que entender, hermano,
que el alma tiene de villano,
al no poder cagar a quien quisiera
descarga su poder sobre los pobres.
Y se siente como muchos humanos,
importante,
bolsa mediante, valija en mano."

En "Ensayo sobre la lucidez", Saramago se fija en que, lamentablemente no estamos todos lúcidos, y más bien nos dirigimos hacia la ignorancia y hemos perdido la capacidad de indignación.
Tal vez por eso se hable poco y nada de los aportes truchos y se corran fiscales, que, a lo mejor, confundidos, atentan contra la impoluta imagen del cambio que nos quieren vender, además de otros menesteres que todos conocemos.
Los argentinos debemos pensar en alguna cosa, en algo que nos ponga en carrera como sociedad contra la desigualdad, obscena y aberrante, sustentada en tarifazos y golpes cada vez más arteros contra la desvencijada economía de los sectores más desprotegidos de esa misma sociedad.
Para ello debemos empezar a ponernos en la vereda de enfrente de los mentirosos de promesa fácil. Por más lindos, eficientes, voluntariosos, ejecutivos, apurados, inteligentes y capaces que se nos muestren.

 

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