Salvador Carmona

sábado, 13 de junio de 2015 · 00:00


Salvador Carmona es una persona que jamás pasará inadvertida. Nunca. Enamorado de la vida, vive para para trabajar. ¨Yo vine al mundo para mejorarlo, para intentar mejorarlo en lo que se pueda, cada uno debe hacer lo suyo¨ suele repetir a sus amigos. Dueño de una personalidad fuerte que acuñó junto a su padre, Ricardo Carmona Ruano, un andaluz de Almería que dejó todo y vino a Chivilcoy detrás del ¨oro de América¨.

La llegada...

Allá quedó Salvador, hermano mayor de cuatro hermanos. Los días pasaban junto al mediterráneo con la vista puesta en la llegada del cartero. El mensaje esperado. A los diez años con el primario aún incompleto, lleno de preguntas y con la única ilusión de volver a ver a su padre después de seis meses, llegó al puerto de Buenos Aires.

En la calle Frías, a pocos metros de la avenida Soarez, lo esperaba el incipiente taller que ya había formado Don Ricardo.

Ese fue el comienzo de una larga historia. De lucha y sacrificio. ¨Cuando yo aún era un niño, era conciente que no le podía pedir a mi padre que me comprara tal o cual golosina porque yo sabía que el hacia un esfuerzo enorme para crecer¨ dice Salvador y agrega una anécdota: ¨Mi padre bajó una vez del tren, venía de once, llegó a la estación sud con una máquina rectificadora de mano que había comprado en Buenos Aires y se vino a pié hasta su casa para ahorrarse el taxi, entonces, como yo iba a obligarlo a gastar en otras cosas...¨ cuenta emocionado.

El trabajo y los fierros...

Pasó largas horas en el taller. Cuando era necesario se quedaba días enteros, dormía en el lugar de trabajo, sin sábados ni domingos a pesar de que sus amigos, vivían horas distintas.

Apasionado del trabajo de los ¨fierros¨ no tardó en prenderse en el automovilismo deportivo. Con toda la adolescencia a cuestas, preocupó a Don Ricardo con una Norton 500 que preparó para correr, una moto muy potente y muy grande para su físico.

Hizo sólo algunas carreras por la negativa de su padre. Pero el gusto por la velocidad y el vértigo seguían en pié. A los 22 años compró un avión. Un día pasó por la esquina de Soarez y Bolívar y quedó deslumbrado. Desde la calle se veía, desplegado, enorme y desafiante un avión de los que por aquel entonces se vendían en Casa Villafañe. Sí, en Chivilcoy uno podía comprar aviones al paso. Voló a Brasil, se perdió una noche con niebla y bajó en un cementerio. Era lo único que se podía hacer para no estrellarse. Un diario de la época, de ese lugar de Brasil reflejó la audacia del argentino.

Los amigos...

Supo ser amigo de Fangio, aún conserva amistad con Froilán González, reconocido por todos en el ambiente del automovilismo deportivo, acompañó y sostuvo la carrera deportiva de Jorge Faravolini, de Carlos Pairetti y luego se sumó al equipo de Pablo y Emilio Satriano y los acompañó siempre.

Súper activo, se levanta todos los días a la madrugada. Antes de las siete, inexorablemente ingresa a su oficina en Talleres Carmona. Ya no son sólo máquinas. Supo ver que para sostener la fuente de trabajo de casi 100 familias de Chivilcoy había que ¨poner los huevos en distintas canastas¨.

Así fue que un día compró un campo en la zona de Benítez. Hoy después de 30 años, Carmona Agropecuaria administra casi 20.000 hectáreas entre Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba.

Salvador, acaba de cumplir 80 años, confieso que dudé en escribir esto porque no acepta tener tantos.: ¨Quiero vivir 120 años, me falta mucho por hacer¨ dice ilusionado.

Es presidente de cinco sociedades anónimas, entre las que están Molysil Argentina, fabricante de Molykote y por las tardes suele estar en el Gran Hotel Chivilcoy. Maneja mas de 300 personas todos los días.

Actitudes...

Dueño de un carácter no muchas veces comprendido, aún por la gente más cercana, Salvador es un tipo que no duda en jugarse en cada decisión que toma. Y va a fondo.

Actitudes que no son exclusivas para sus empresas. No dudó un minuto en llamar a Héctor Magneto, el chivilcoyano que es uno de los máximos responsables del Grupo Clarín para que a través del matutino puedan publicar una extensa nota sobre la Agrupación Artística en momento de un aniversario.

O como cuando en los terribles días de la dictadura militar un joven chivilcoyano apareció muerto "después de un tiroteo¨ según la información oficial de la época. Un reducido grupo familiar lo recibió con el dolor mas grande que se pueda sobrellevar. No había ese día un lugar disponible para darle sepultura. La bóveda de la familia Carmona, cobijó por un tiempo al querido Raúl. Muy pocos los saben. No eran días fáciles. A Salvador poco le importó.

Hoy es uno de los empresarios más importantes de la zonas. Setenta años después, ama y quiere a la Argentina aunque nunca dejó de ser un andaluz, alegre, valiente, peleador. austero y emprendedor.

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