Ana María Falivene

sábado, 13 de junio de 2015 · 00:00


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Docente de alma y de vocación, la profesora Ana María Falivene ("Pocha" para todos), es la última referente de una legión de directores que hicieron historia a lo largo de casi medio siglo. En esa nómina se incluye a Luis Sebastián Marzik (director por años de la Escuela Normal), Norberto Isaac Arístides Bond (en la ENET Nº 1) y Francisco "Pancho" Menta (en el Colegio Nacional) y la hermana Piedad (en el Colegio Nuestra Señora de la Misericordia), todos ellos fallecidos.

"Pocha" Falivene estuvo 48 años en la docencia activa, a la que se entregó "con mucho amor" y con "una vocación auténtica", se autodefine, tanto que cuando la jubilaron se enfermó.

Fue en 1990, cuando dentro de ese listado de directores jubilados "por órdenes de la superioridad", también tuvo que retirarse el profesor Luis Marzik.

Por eso Ana María Falivene es un ícono: la última sobreviviente de un grupo de directores inolvidables, que honraron el cargo que ejercieron.

Luchadora incansabe, "Pocha" fue la artífice de la Escuela Nacional de Comercio (en la actualidad Escuela Media Nº 204, tras la reforma educativa). A partir de la Ley Federal y la transferencia de las escuelas nacionales a las provincias, ya nada volvió a ser igual. Sólo la Ciudad de Buenos Aires -que conserva el sistema anterior, de siete años de Educación Primaria y cinco de Secundaria- se salvó de ese híbrido que sobrevino con los nueve años de la EGB y los tres del Polimodal.

A partir de entonces, nada volvió a ser igual. Hoy los directores pasan y ya no hay una "marca registrada" con la que pueda identificarse un colegio determinado.

El famoso Anexo

En sus orígenes, la Escuela de Comercio funcionaba como Anexa a la Escuela Normal, en el turno tarde. "Pocha" tuvo que pasar -y lo hizo airosamente, por supuesto-, por un concurso de antecedentes y oposición para llegar al cargo. Ella misma recuerda con cariño y gratitud el gesto que tuvo el profesor Marzik, cuando la convocó tanto a ella como a Ernestina Iavícolli, para acompañarlo en la tarea. Esta última como vicedirectora de la Escuela Normal y Falivene como directora de la Sección Comercial Anexa.

Pasaron los años y "Pocha" quería borrar del mapa esa fría palabra: anexa. Es que la escuela crecía en matrícula y necesitaba independizarse.

Hubo un autor que siempre la marcó mucho en sus acciones: Eduardo Mallea. "A las dificultades se asciende, porque de las facilidades se desciende", dijo el consagrado escritor en "Las travesías". Y esa frase caló en lo más hondo del ser de Ana María Falivene y la puso en práctica en su emprendedora labor.

Graduada de profesora de Filosofía y Letras en la Universidad de Buenos Aires en la "época de oro", tuvo como profesores a Amado Alonso, Ricardo Rojas, Emilio Ravignani, Batisteza, Francisco Luis Romero, entre otras celebridades. Ingresó en 1938 y egresó en 1942: una carrera realmente maratónica. Es que "Pocha" siempre cumplió con las exigencias de su padre: cuando llegaban las vacaciones, tenía que volver a Chivilcoy con todas las materias aprobadas.

"El estudio tiene que doler, tiene que sangrar, tiene que perforar la piel", le decía un profesor en la facultad. Y eso mismo fue lo que a lo largo de su carrera docente transmitió a sus alumnos.

Resumir su trayectoria cuesta, porque la vida de "Pocha" está llena de anécdotas y de utopías que dejaron de serlo, cuando iba superando cada escollo que se presentaba, en pos de lograr la autonomía de la Escuela Nacional de Comercio y posteriormente la sede propia.

Con los constantes sacudones que hubo en el país a nivel gubernamental el expediente que "ya salía" volvía a fojas cero. Pero llegó el día en que una funcionaria del Ministerio de Educación le comunicó vía telefónica que la escuela había alcanzado su autonomía. El establecimiento pasó de la Escuela Normal al Colegio Nacional, siempre en turno tarde. Pero enseguida, en su afán de hacer, se propuso otra meta: conseguir la sede propia, para no vivir siempre "de prestado" y también para dejar de ser "los responsables" de los problemas que se presentan cuando se comparte un edificio.

Hizo las gestiones con el comisionado Ferro y la Municipalidad le cedió por cinco años el predio de la primera cuadra de la avenida De Tomaso. El tiempo pasó y se corría el riesgo de perder el comodato, cuyo plazo de caducidad fue renovado por el intendente Dellepiane. Allí estaba montada la estructura para construir la Dirección Provincial de Vialidad, que luego pasó a ocupar el sitio de su actual emplazamiento, en la calle 508.

Durante la visita de un funcionario del Ministerio de Educación al Colegio Nacional, "Pocha" Falivene le pidió que la acompañara a ver el predio donde estaba proyectada la construcción de la Escuela de Comercio. La historia volvía a repetirse. El espíritu emprendedor de la directora y la disponibilidad del funcionario que no dudó en dar curso favorable a la solicitud al tener la realidad frente a sus ojos, fue el punto de partida para la solución definitiva de un problema de larga data.

Falivene convocó a los ex-alumnos. Se formó una comisión para recaudar fondos y promediando 1988, la Escuela Nacional de Comercio se mudaba a su propia sede, en Avda. De Tomaso 24.

"Después de tanto luchar, pude disfrutar de la nueva escuela apenas un año, porque después me jubilaron", sostiene con un dejo de nostalgia y de sabor amargo, a pesar del tiempo transcurrido.

Termina la charla y vuelve a citar a Mallea: "Si tuviera que elegir, elegiría mil veces la suerte múltiple de ser argentino".

Termina la charla. "Pocha" me invita a compartir una copita de anís 8 Hermanos. Yo, a sus 84 años, le pido un mensaje a modo de testimonio para las futuras generaciones. Y vuelve a citar a Mallea, pero esta vez con una versión adaptada a las circunstancias locales: "Si mil veces tuviera que elegir, mil veces elegiría la suerte múltiple de ser mil veces chivilcoyana y docente de auténtica vocación y entrega total. Porque sin comunicación no hay docencia. Podés saber más que Sócrates, pero si no llegás al alumno querido...".

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